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Anne De Marcken: Redefiniendo el Género Zombi en la Literatura Contemporánea

La novela 'Dura una eternidad y en un instante se acaba' de Anne De Marcken, publicada por Sexto Piso y traducida por Ce Santiago, ha generado un impacto considerable entre sus lectores, a pesar de su discreto lanzamiento. La obra introduce a una protagonista zombi que, impulsada por un instinto primitivo, busca recuperar los fragmentos de su existencia pasada. Esta narrativa trasciende las convenciones tradicionales del género de terror, transformando la experiencia zombi en una profunda meditación poética. De Marcken utiliza el arquetipo del zombi para explorar temas como la memoria, la identidad, la temporalidad y la capacidad humana de percibir la belleza en la vida. La interacción con la autora revela las profundidades de esta novela, consolidándola como una de las creaciones literarias más destacadas del momento y ofreciendo una perspectiva fresca y filosófica sobre la condición humana a través de un lente inusual.

Anne De Marcken, en una conversación, desveló su particular enfoque para desmitificar las historias de zombis. Admite no ser una experta en el género, ni haber leído muchas novelas al respecto, pero se sumergió en la taxonomía del zombi para subvertir sus tropos habituales. Sus influencias van desde la 'Autobiografía de Rojo' de Anne Carson, que humaniza al monstruo Geryon, hasta la exploración de la cultura haitiana por la cineasta Maya Deren. También cita a Haruki Murakami por su manejo de lo misterioso en la narrativa, a Sigmund Freud por su concepto de lo siniestro, y al filósofo Timothy Morton por sus ideas sobre los hiperobjetos en relación con el cambio climático. La serie 'The Leftovers' de Damon Lindelof le inspiró por su cruda representación del duelo. La autora se nutre de una amplia gama de artistas y pensadores, incluyendo músicos como Mount Eerie y Björk, y escritores como Dionne Brand y Toni Morrison, todos ellos guías en su viaje creativo a través de los aspectos más oscuros de la existencia humana.

La escritora explica su decisión de dotar a la narrativa de un ritmo pausado y contemplativo, contrastando con la prisa inherente a la vida moderna. Para De Marcken, la lentitud permite al lector sumergirse en la experiencia del tiempo de una manera similar a la de un ser no muerto, desprovisto de las urgencias de la mortalidad. Esta elección estilística no solo enriquece la trama con paisajes descritos poéticamente, sino que también fomenta una meditación sobre la fugacidad de la vida y la importancia de apreciar el presente. La autora concibe las historias como una serie orgánica de eventos interconectados, más parecidos a un tapiz de experiencias que a una secuencia lineal de causa y efecto. Para ella, esta aproximación libera la imaginación y la intuición, permitiendo que la narrativa fluya de manera impredecible, reflejando la complejidad y la imprevisibilidad de la propia existencia, donde el tiempo se percibe más como un espacio vasto e inmutable que como una serie de momentos que se desvanecen.

En cuanto a la amnesia de los zombis y su relación con los discursos supremacistas, De Marcken acoge las interpretaciones audaces. Desconfía de la búsqueda de una identidad rígida y de las certezas absolutas, viendo en ellas un camino hacia el dogmatismo y el culto a la personalidad. Para la autora, la identidad es una red descentralizada de relaciones, no una entidad fija e individualista. Cuestiona la tendencia occidental a priorizar el individuo y a malinterpretar lo colectivo como una mera extensión de este. Argumenta que la necesidad de validación externa, manifestada en la búsqueda de likes y seguidores, nos hace vulnerables a líderes malintencionados y fomenta la explotación. La identidad y la certeza, en este contexto, se convierten en una moneda de cambio en un sistema social en colapso, un costo que no todos han pagado por igual.

La autora deliberadamente elude las explicaciones convencionales de ciencia ficción sobre el origen de la pandemia zombi, desafiando las expectativas del lector. Considera que los zombis son un tropo cultural ya establecido, que no requiere de una justificación elaborada. Su interés radica en el \"cómo\" de la experiencia zombi más que en el \"porqué\", explorando el predicamento de estos seres no como un experimento fallido, sino como una metáfora exagerada de las cualidades que tememos en nosotros mismos: un hambre rabiosa e incompasiva, una desconexión de la propia vida. Al imaginar la experiencia zombi desde una perspectiva interna, como una persona corriente que de repente siente un deseo abrumador de comer carne humana o que la muerte deja de ser inevitable, De Marcken logra trascender las limitaciones del género. Para ella, lo inexplicable del monstruo refleja lo inexplicable de la condición humana, y su propósito es observar y describir esa naturaleza inefable, misteriosa e incomprensible con precisión, en lugar de intentar racionalizarla.

El desenlace de la historia no se enfoca en la resolución de la condición zombi de la protagonista, sino en su capacidad de procesar el dolor inicial, transformado de rabia y hambre en una plenitud emocional. De Marcken buscaba un final que transmitiera completitud, pero sin una solución definitiva, reconociendo que el dolor, como el agua, cambia de estado pero es irresoluble. El final de la novela busca ser una continuación natural, la \"siguiente cosa que le pasaba\", y a la vez la última, invitando a la reflexión sobre la persistencia de las emociones más profundas. La autora se concentró en el ritmo narrativo para que la historia se agotara orgánicamente, como una piedra que reposa al final de una pendiente, buscando agotar el lenguaje y el imaginario para que el lector experimente una plenitud comparable a la de la protagonista, despojada de todo, pero finalmente amada.

Desde su editorial, The Third Thing, Anne De Marcken busca obras que demuestren una profunda dedicación y vulnerabilidad artística. Le atraen las historias que solo un creador particular podría concebir y llevar a término con el corazón. Más allá de la brillantez conceptual, valora la ferocidad en la ejecución, que se manifiesta en la forma y el lenguaje, en lugar de quedarse en la abstracción. Prioriza una escritura que sirva a la historia, sin importar si es poesía, novela o una obra que desafía las categorizaciones tradicionales. Se siente especialmente entusiasmada por los trabajos que no pueden ser fácilmente encasillados y que se atreven a explorar nuevas posibilidades literarias y existenciales. Su objetivo es publicar y leer obras que se aparten de las convenciones del mercado, ofreciendo a los lectores un pasaje hacia formas más auténticas y salvajes de relacionarse con el mundo y consigo mismos.