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Cristina Forner de Marqués de Cáceres: Visión optimista y adaptación constante en la industria vinícola

En un entorno global desafiante, Cristina Forner, la destacada presidenta de Marqués de Cáceres, subraya la imperiosa necesidad de que la industria del vino abrace la innovación y la adaptación. A través de su liderazgo, la bodega se ha consolidado como un referente en la exportación y el compromiso ambiental, expandiendo su influencia a nuevas regiones productoras y diversificando su oferta. Forner insiste en la relevancia de proteger la cultura del vino, no solo por su arraigo histórico y económico en España, sino también como estrategia para atraer a las nuevas generaciones y asegurar la vitalidad de esta milenaria tradición. Su visión optimista, a pesar de las complejidades del mercado y los caprichos del clima, se centra en la calidad, la creatividad y la conexión genuina con el consumidor.

Detalles del Informe de Noticias: Un Diálogo con Cristina Forner sobre el Futuro del Vino

En una jornada soleada de octubre, la cosecha de uva llegaba a su fin en Cenicero, La Rioja, marcando el cierre de un ciclo anual único. En las instalaciones de Marqués de Cáceres, donde reina la pulcritud y el orden, los depósitos de madera revelaban el comienzo de la vinificación. Cristina Forner, presidenta de la emblemática bodega, supervisaba el proceso con la precisión de una directora de orquesta, confirmando la calidad del mosto tinto. Forner se refirió a la vendimia de 2025 en Rioja como una temporada temprana y con una producción reducida debido a las inclemencias del tiempo, que incluyeron lluvias excesivas, el hongo mildiu, sequía y olas de calor, estimando una disminución del 50%, especialmente en los vinos blancos, que gozan de alta demanda. Reconoció que, aunque la situación es compleja, el nivel de existencias se mantiene en un equilibrio adecuado frente a las ventas.

La líder empresarial también abordó los múltiples desafíos del mercado, desde la incertidumbre geopolítica hasta la disminución del consumo de vino, los crecientes costos logísticos post-COVID, el aumento de impuestos y la inflación, factores que erosionan el poder adquisitivo de los consumidores. A pesar de estos obstáculos, su perspectiva es esperanzadora, enfatizando que la cultura del vino, con sus beneficios demostrados y su contribución significativa al PIB nacional, es vital para la supervivencia de muchas comunidades en la España rural. Expresó preocupación por la falta de vocación de las nuevas generaciones para trabajar la vid, pero se mostró convencida de la resiliencia del sector vinícola, cuya historia milenaria sugiere una capacidad innata para adaptarse.

Los orígenes de la familia Forner en el mundo del vino datan de antes de la fundación de Marqués de Cáceres en 1970. Su abuelo, un comerciante de vinos con viñedos en La Mancha, se exilió en Francia durante las décadas de 1920 y 1930 debido a su incursión en la política, lo que llevó a la ruina familiar. Su padre, Enrique Forner, continuó la tradición en Francia antes de regresar a España con la visión de aplicar técnicas de vinificación bordelesas en La Rioja Alta, revolucionando la elaboración de vinos tintos con más fruta y estructura, y blancos y rosados con mayor vivacidad.

Cristina se unió a la empresa a principios de los años 80, inicialmente chocada por el cambio cultural de París a Logroño. Tras un periodo de formación intensiva bajo la tutela de su padre, asumió la tarea de internacionalizar la bodega. Hoy, el 50% de la producción se exporta a aproximadamente 140 países, un testimonio del éxito de su estrategia. Marqués de Cáceres ha sido reconocida entre las 50 marcas de vino más admiradas globalmente por Drinks International y posee la certificación Sustainable Wineries for Climate Protection, destacando su compromiso con la innovación y la sostenibilidad. La bodega también ha recuperado variedades de uva casi extintas, como la maturana, y ha expandido su presencia a otras denominaciones de origen como Rueda y Ribera del Duero, además de incursionar en la producción de albariño, cava y aceite de oliva.

La empresaria enfatiza la importancia de una gestión meticulosa y la colaboración con viticultores locales, algunos de los cuales son accionistas de la bodega, para preservar las cepas viejas que aportan una calidad excepcional. Además, ha desarrollado una arquitectura de marca diversa para satisfacer distintos segmentos del mercado, desde supermercados hasta tiendas gourmet y vinos icónicos. Respecto a los cambios en los gustos del consumidor, Forner observa un crecimiento en el consumo de vinos blancos, rosados y cavas, que se disfrutan fríos y son percibidos como más accesibles. Desmitifica la idea de que no se puede añadir hielo al vino o disfrutar de un vino premium con una pizza, abogando por un enfoque más relajado y personal del consumo. En cuanto a la caída del consumo entre los jóvenes, propone el enoturismo como una herramienta clave para acercar el vino de manera sencilla y atractiva, fomentando una apreciación auténtica sin la intimidación de la jerga enológica, y concluye que un buen vino no siempre tiene que ser caro, con muchas opciones excelentes por debajo de los diez euros.

La conversación con Cristina Forner de Marqués de Cáceres nos deja una clara enseñanza: el sector vinícola, como cualquier industria longeva, debe reinventarse constantemente para prosperar. Su enfoque en la innovación, la sostenibilidad y la adaptación a las demandas del consumidor no solo es un modelo para las bodegas, sino para cualquier empresa que busque la longevidad en un mercado dinámico. La resiliencia ante los desafíos climáticos y económicos, combinada con un respeto profundo por la tradición y un espíritu pionero, es lo que permite que una marca como Marqués de Cáceres no solo sobreviva, sino que florezca y lidere en el ámbito global.