Mantener la actividad física a medida que envejecemos es crucial para preservar la salud y la vitalidad. En este sentido, expertos en bienestar insisten en la importancia de no reducir el ritmo de los entrenamientos, sino de adaptarlos para contrarrestar los efectos del tiempo en el cuerpo. La edad madura representa una etapa crítica para asegurar la continuidad del movimiento y combatir el deterioro muscular (sarcopenia), la pérdida ósea (osteoporosis) y el declive cognitivo. Adoptar hábitos saludables, incluyendo una nutrición adecuada y la práctica constante de ejercicio, no solo ralentiza el envejecimiento, sino que también mejora la calidad de vida.
Para lograr la adherencia al entrenamiento y evitar el abandono, es fundamental que la actividad física se convierta en una parte disfrutable de la rutina diaria, en lugar de percibirse como una obligación. Jose Akapo, un experimentado preparador físico y mental que actualmente trabaja como instructor en los centros deportivos We/On, ofrece estrategias para que el proceso de entrenamiento sea placentero y sostenible en el tiempo. Sus recomendaciones se centran en la adaptación individual, la fijación de metas realistas y la exploración de diversas disciplinas.
Regresar a la rutina de ejercicios después de un período de inactividad, como las vacaciones, debe hacerse de manera progresiva. Akapo subraya que no hay motivo para sentirse culpable por las pausas; estas son necesarias. El entrenador aconseja reanudar la actividad física gradualmente, aumentando la intensidad a lo largo de varias semanas hasta alcanzar el nivel previo al descanso. Adicionalmente, el acompañamiento de un profesional es altamente beneficioso, ya que no solo previene lesiones a través de la corrección técnica, sino que también optimiza el tiempo dedicado al ejercicio. Respecto al mejor momento del día para entrenar, Akapo prefiere las mañanas, argumentando que activar el metabolismo desde temprano y liberar el estrés mental son ventajas significativas para enfrentar la jornada laboral.
Para quienes se inician en el ejercicio o retoman la actividad física después de un largo parón, es crucial abordar el proceso con humildad y evitar comparaciones. Akapo destaca que la función del entrenador es vital para contextualizar al cliente y orientarlo hacia su propio progreso, alejándolo de la presión de compararse con otros o de enfocarse únicamente en resultados estéticos a corto plazo. Si bien los objetivos estéticos son válidos, Akapo insta a sus clientes a priorizar también metas de salud a medio y largo plazo, enfatizando que la paciencia y la flexibilidad son clave. Adaptarse a los imprevistos, como los viajes, también es importante; el entrenador prepara rutinas personalizadas para que los clientes puedan seguir ejercitándose en cualquier lugar, incluso sin equipo.
Si el entrenamiento de fuerza no es la opción preferida o posible, existen alternativas igualmente beneficiosas, especialmente para las mujeres. Akapo recomienda disciplinas como los hipopresivos, que fortalecen la faja abdominal a través de la respiración, o el barre, que trabaja el cuerpo de manera armónica y con bajo impacto. El pilates, tanto en suelo como con máquinas, también es una excelente elección, ya que fortalece el \"core\", una base fundamental para el entrenamiento. Estas prácticas, que combinan ejercicio físico y bienestar mental, son ideales para cualquier persona, pero especialmente para mujeres en la mediana edad.
Los errores comunes que llevan al abandono incluyen establecer metas poco realistas, carecer de un plan de entrenamiento, ser excesivamente perfeccionista o rígido, y ver el ejercicio como algo temporal para alcanzar un objetivo rápido. Akapo enfatiza que el ejercicio debe ser una forma de vida para envejecer bien y no solo para mejorar la apariencia. Además, la elección de un lugar de entrenamiento cercano y conveniente es vital para mantener la constancia. Finalmente, no se debe olvidar la importancia de una alimentación adecuada y un descanso reparador, elementos imprescindibles para que el cuerpo mejore. El entrenador concluye que el entrenamiento, como la vida, tiene sus altibajos, y que entender que todas las experiencias, incluso las difíciles, forman parte del proceso, facilita la integración del ejercicio en la vida diaria. Celebrar los pequeños logros también contribuye a mantener la motivación.
