La expansión económica de España se proyecta con una moderación en los próximos años, sostenida principalmente por el incremento de la fuerza laboral, una tendencia observada en períodos recientes. Este enfoque de desarrollo se caracteriza por ser extensivo, basándose en la adición de recursos productivos como el empleo, en contraste con un modelo intensivo que prioriza las mejoras en la eficiencia y la productividad. Este patrón de crecimiento plantea interrogantes sobre la sostenibilidad y la calidad del desarrollo económico a largo plazo.
Las previsiones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) indican una correlación directa entre el Producto Interno Bruto (PIB) y el empleo en los años venideros, con proyecciones de crecimiento casi idénticas para ambas variables hasta 2029. Esta situación implica un estancamiento en la productividad por trabajador, con expectativas de un crecimiento nulo en los próximos años. El Banco de España comparte esta preocupación, señalando que la productividad por ocupado experimentará un menor dinamismo, resaltando la significativa disparidad de productividad entre España y el promedio de la eurozona, un desafío estructural que persiste a pesar de algunas reducciones en la brecha.
Además, el estancamiento de la Productividad Total de los Factores (PTF), que incluye la eficiencia del capital y el trabajo, continúa siendo un obstáculo para la economía española. A pesar de ligeras mejoras en sectores tradicionalmente menos productivos como el comercio y la hostelería, otros ámbitos como la administración pública, la educación y la sanidad, así como la construcción, han visto una disminución en su productividad. La AIReF enfatiza que el crecimiento del empleo, impulsado en gran medida por la inmigración, no ha logrado, hasta ahora, ser un catalizador para la mejora de la productividad general, dado que un porcentaje considerable de los nuevos empleos creados por extranjeros se concentra en sectores de baja productividad.
Este panorama subraya la necesidad urgente de reorientar el modelo económico español hacia un crecimiento más intensivo, donde la innovación, la inversión en capital humano y tecnológico, y una distribución más eficiente del empleo impulsen la productividad. Un enfoque renovado que fomente la eficiencia y la calidad en todos los sectores no solo fortalecerá la economía, sino que también asegurará un futuro más próspero y equitativo para la sociedad, trascendiendo la mera dependencia del aumento de la población activa y creando valor duradero.
