En la constante búsqueda de alivio para las tensiones diarias, a menudo recurrimos a soluciones superficiales como alimentos, bebidas o hábitos reconfortantes, ignorando la necesidad de una profunda introspección. Sin embargo, para abordar eficazmente nuestro estado de hipervigilancia, es imprescindible diferenciar entre el estrés prolongado y una dependencia al cortisol. Laura Villanueva, experta en psicología, señala una distinción clave: el estrés crónico se caracteriza por el deseo de liberarse de la aflicción, mientras que la adicción al cortisol implica una continua procura de mayor tensión y emoción.
El estrés crónico se manifiesta como una condición persistente donde el organismo permanece en alerta constante, como si estuviera siempre listo para defenderse de una amenaza. Esta situación prolongada provoca un desgaste significativo en los planos emocional, cognitivo y fisiológico. Los síntomas emocionales incluyen ansiedad, irritabilidad, alteraciones del humor y disminución del deseo. A nivel cognitivo, se observan problemas de memoria y una reducción de la agilidad mental, mientras que en el aspecto físico, se presentan trastornos del sueño, variaciones en el apetito, presión arterial elevada, molestias digestivas, dolores de cabeza frecuentes, defensas debilitadas y desequilibrios hormonales. Por otro lado, la adicción al cortisol, que puede surgir como una secuela del estrés crónico, inicialmente actúa como una estrategia adaptativa para mantener un alto rendimiento. No obstante, cuando esta respuesta se extiende demasiado en el tiempo, se vuelve perjudicial, llevando al individuo a buscar activamente situaciones de presión para evitar la sensación de vacío, incluso llegando a sentirse desanimado durante los periodos de descanso.
Identificar si uno está inmerso en un estado de estrés persistente o en una dependencia al cortisol es crucial, ya que ambos escenarios, aunque distintos, terminan cobrando un alto precio en el bienestar físico y mental. Es imperativo detener o desvincularse de estos patrones. La obra 'El cuerpo lleva la cuenta' de Bessel van der Kolk ofrece una perspectiva valiosa sobre cómo el trauma y la tensión se manifiestan físicamente y las formas de liberarlos. Asumir el control de nuestra salud mental y romper con estos ciclos de tensión nos permite recuperar el equilibrio y mejorar significativamente nuestra calidad de vida, promoviendo un futuro más sereno y pleno.
