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Grupo Consorcio: Sabor Artesanal de Santoña Conquista el Mundo

El Grupo Consorcio, una prominente empresa conservera española, festeja sus 75 años de existencia, manteniendo viva la ancestral labor artesanal del 'sobado de la anchoa' en la localidad cántabra de Santoña. Esta meticulosa técnica manual, preponderantemente realizada por mujeres, ha sido el pilar de su triunfo a nivel mundial. La empresa ha logrado posicionar sus productos de alta gama en 42 naciones, consolidándose como líder en el sector. A pesar de su éxito, la compañía encara el reto de asegurar la continuidad de esta tradición a través de nuevas generaciones y se compromete firmemente con la sostenibilidad, la innovación y una ambiciosa expansión internacional para cimentar su porvenir.

En el pintoresco pueblo de Santoña, un reducido grupo de mujeres aún se dedica a la práctica del 'sobado de la anchoa', un oficio que define la identidad marinera de la región. Este procedimiento, que implica limpiar meticulosamente el pescado tras el proceso de salazón para obtener un lomo impecable, es fundamental para la calidad superior del producto. La precisión y la destreza manual involucradas en este trabajo son irreplicables por máquinas industriales, lo que confiere un valor añadido incalculable y ha transformado esta actividad ancestral en un motor económico de alcance global. Aunque en peligro de extinción, el sobado de la anchoa sigue siendo un emblema cultural y una pieza clave en la cadena de valor alimentaria.

El Grupo Consorcio es un claro ejemplo de cómo la artesanía puede ser una ventaja competitiva en la era moderna. Con una facturación anual de 78 millones de euros, esta empresa conservera se ha establecido como líder internacional, diferenciándose por la excelencia de su trabajo manual. Sus orígenes se remontan a 1950, influenciados por los 'salatori' italianos que, a finales del siglo XIX, introdujeron en Santoña las técnicas de salazón y elaboración artesanal que perduran hasta hoy. La compañía produce diariamente 180.000 latas y 56.000 tarros de anchoa, además de 170.000 latas y 95.000 tarros de bonito del norte y atún, distribuyéndolos desde Santoña a 42 países en cuatro continentes, un testimonio de su posicionamiento en los segmentos más exclusivos del mercado global.

La mano de obra en este oficio es predominantemente femenina, con un 66% de mujeres en la plantilla. Ellas son las custodias de este conocimiento, transmitiéndolo de generación en generación. Jesús Gómez, CEO del Grupo Consorcio, destaca la importancia de su rol: «Quizá sea por la paciencia, la destreza y la delicadeza que requiere, pero no hay hombres que postulen para este puesto». Sin embargo, garantizar el relevo generacional es uno de los mayores desafíos, ya que es cada vez más difícil encontrar personas dispuestas a dedicarse a estas tareas repetitivas pero de alto valor. La empresa ha implementado estrategias como formación, conciliación y apoyo familiar para retener el talento y atraer a nuevas generaciones, asegurando así la continuidad de esta ventaja competitiva.

Desde su llegada a Santoña hace cinco meses, Jesús Gómez ha experimentado la complejidad del negocio: «Cada pescado es diferente y los procesos varían mucho según el producto final que se desea obtener». Para él, el balance entre tradición y eficiencia es crucial. El Grupo Consorcio ha diversificado su catálogo para incluir bonito del norte y atún claro, siempre bajo la premisa irrenunciable de la artesanía. La expansión internacional es una prioridad, con la apertura de una filial en Milán que ha sido un éxito rotundo. El objetivo ahora es fortalecer la marca propia en España y expandir su presencia en mercados clave como Reino Unido, Estados Unidos y México, buscando aumentar la rentabilidad y el posicionamiento de sus productos premium. Además, la compañía se enorgullece de su compromiso con la sostenibilidad, con más del 95% de su pesca siendo responsable y la certificación B Corp.

A pesar de los desafíos recientes, como la inflación en 2022 que impactó los costos de materias primas, el Grupo Consorcio ha demostrado resiliencia. La contención de gastos, la adaptación de su propuesta de valor y la expansión internacional permitieron un aumento del 12,2% en su rentabilidad en 2024, alcanzando los 78 millones de euros. De cara al futuro, Gómez vislumbra el crecimiento a través de la internacionalización, la innovación y el fortalecimiento de la marca, sin abandonar la esencia que los hace únicos. La visión es que, en un futuro donde cocinar en casa sea menos común, las conservas jueguen un papel fundamental. El compromiso de la empresa es seguir siendo sinónimo de calidad y tradición, expandiendo su presencia global, conectando emocionalmente con los consumidores y preservando el legado artesanal que convirtió a Santoña en la capital mundial de la anchoa.