La trayectoria de Itziar Miranda, una figura emblemática de la televisión española, toma un nuevo rumbo al asumir la conducción del programa de concursos 'La Pirámide' en RTVE. Este paso, alejado de su icónico personaje Manolita en 'Amar es para siempre', no es una novedad para la actriz, quien ya ha explorado diversas facetas profesionales, incluyendo la escritura y el activismo feminista. Su incursión en este formato diario subraya su versatilidad y el compromiso con un entretenimiento que nutre a toda la familia, promoviendo valores culturales y de conexión intergeneracional.
La actriz subraya que su rol como presentadora no es una novedad, recordando su experiencia previa en programas musicales y en 'Tenía que ser de aquí' en Aragón TV. Su interés en los concursos se origina en su entorno familiar, donde los juegos de mesa son una tradición. Miranda destaca la creciente presencia femenina en la conducción de este tipo de programas, citando ejemplos como Chenoa y Paula Vázquez, y celebra la oportunidad de contribuir a esa visibilidad. Para ella, conducir un concurso diario es un 'regalo' que se suma a su labor de visibilizar a mujeres silenciadas y recuperar espacios que históricamente les fueron negados o perdidos.
Lo que más valora de 'La Pirámide' es su capacidad para unir a la familia. En un mundo donde el entretenimiento a menudo divide por edades, este concurso ofrece un espacio común donde abuelos, padres e hijos pueden disfrutar y aprender juntos. La interacción que genera el programa ha permitido a Miranda descubrir nuevas facetas y conocimientos en sus propias hijas, fortaleciendo los lazos familiares a través de la diversión y el descubrimiento mutuo. La agilidad mental y el amor por las palabras son clave para los concursantes, pero el formato se mantiene accesible y ameno, más cercano a un juego de 'Tabú' que a desafíos de alto intelecto.
La versión española de 'La Pirámide' introduce elementos distintivos, como la dinámica de parejas de concursantes que se renuevan diariamente y la presencia de aspirantes conocidos que generan complicidad y solidaridad en el set. La ausencia de un bote acumulable y la asignación diaria de 100.000 euros fomentan un ambiente de apoyo mutuo entre los participantes. En cuanto a las audiencias y los cambios en la programación televisiva, Miranda mantiene una perspectiva profesional. Con 27 años de experiencia en el medio, entiende que la presión por la audiencia es una cuestión de las productoras y cadenas, mientras que su enfoque se centra en disfrutar su trabajo y ofrecer un acompañamiento significativo al público.
Su relación con Manuel Baqueiro, su 'marido' en 'Amar es para siempre', se mantiene sólida fuera de la pantalla, demostrando que los lazos forjados en el trabajo pueden trascender lo laboral. Además, Itziar Miranda reflexiona sobre el legado de Manolita, un personaje que la gente sigue identificando con ella y que, en su opinión, ha cumplido una función social importante al unir familias y simbolizar la lucha de muchas mujeres. Para Miranda, su compromiso, tanto en la actuación como en la conducción, radica en ofrecer una 'tregua luminosa' al público, un concepto que hereda de su padre médico, quien 'recetaba' cultura y entretenimiento como vías de curación y bienestar.
