Finanzas

La brecha digital y la tercera edad: un reto en la era de la IA

La actual era tecnológica, impulsada por la inteligencia artificial, presenta una paradoja significativa: mientras que una gran proporción de la población mayor de 55 años tiene acceso y utiliza internet de forma habitual, no todos están completamente integrados en el ecosistema digital. Un ejemplo de esta situación es Carlos Marimón, de 90 años, quien, a pesar de su larga trayectoria en el periodismo y de haber presenciado la evolución de las máquinas de escribir a los sistemas digitales, siente una \"mesurada nostalgia\" por el papel. Él, al igual que muchos otros, ha adoptado la tecnología por necesidad, como el uso de aplicaciones de mensajería y correo electrónico, pero se enfrenta a barreras en áreas críticas como los servicios bancarios, donde la interacción personal ha sido reemplazada por interfaces digitales que pueden resultar desafiantes.

Este fenómeno de exclusión digital se agudiza en servicios esenciales, a pesar de los esfuerzos previos por revertirlo. Juan Fernández, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, subraya que la negativa a digitalizarse, activa o pasiva, puede llevar a la marginalización en múltiples esferas de la vida. De hecho, aunque el uso de pagos móviles ha crecido en España, solo un 1% de los mayores de 65 años lo adopta. En 2022, la campaña \"Soy Mayor No Idiota\", liderada por Carlos San Juan, un médico jubilado, logró que el sector bancario implementara medidas para mejorar la atención a los mayores. Sin embargo, San Juan y Marimón señalan que estas mejoras han disminuido, especialmente en zonas rurales y urbanas con personal bancario reducido, creando largas filas y dificultando el acceso. La complejidad de las aplicaciones bancarias y el temor a las estafas cibernéticas son factores adicionales que contribuyen a la autoexclusión digital de muchos ancianos.

A pesar de los desafíos, existe un claro interés en la tecnología entre las personas mayores, siempre que se garantice el libre albedrío y se ofrezca el apoyo adecuado. Eloy Bullón, un arquitecto de 71 años, es un testimonio de cómo, con esfuerzo autodidacta y cursos de apoyo, es posible adaptarse a las nuevas herramientas digitales. Organizaciones como Ceca y SeniorTic, junto con Fundación Mapfre, están implementando iniciativas para reforzar la educación financiera y digital, así como la prevención de fraudes, a través de talleres y guías. Es fundamental que las administraciones públicas y las empresas colaboren para proporcionar los recursos y las medidas necesarias para una verdadera adaptación tecnológica, reafirmando que la edad no disminuye la capacidad intelectual y que la revolución digital debe ser inclusiva para todos.

La integración digital de la tercera edad no es solo una cuestión de acceso, sino de empoderamiento y seguridad. Abordar esta brecha es un imperativo social que requiere soluciones que consideren las necesidades específicas de los mayores, ofreciendo alternativas analógicas cuando sea necesario y fomentando la confianza en el entorno digital. Al hacerlo, se garantiza una sociedad más justa e inclusiva, donde la tecnología sirve para mejorar la calidad de vida de todos sus miembros, sin dejar a nadie atrás en el progreso.