En las últimas décadas, el panorama industrial español ha sido testigo de un preocupante declive. La manufactura, un pilar tradicional de la economía nacional, ha sufrido una contracción considerable tanto en la creación de empleo como en su aportación al valor añadido bruto del país. Esta tendencia no solo la distancia de sus glorias pasadas, sino que también la aleja de los ambiciosos objetivos de reindustrialización fijados por la Unión Europea. La necesidad imperante de transformación digital y energética emerge como una ruta crítica para revitalizar un sector esencial que, a pesar de sus desafíos, mantiene un rol protagónico en las exportaciones nacionales.
Detalles de la Desindustrialización Española y sus Repercusiones
Un exhaustivo estudio reciente, cortesía de la Fundación BBVA y el Ivie, arroja luz sobre la delicada situación de la industria manufacturera española. Desde el año 2000, la nación ibérica ha presenciado la desaparición de aproximadamente 723.500 puestos de trabajo en este ámbito. El peso de la industria manufacturera en el empleo total se ha desplomado de un 17,3% a un mero 9,9% en 2024. Paralelamente, su contribución al Valor Añadido Bruto (VAB) ha caído drásticamente del 17,9% al 11,8%, lo que se traduce en una pérdida del 25% del empleo industrial y 6,1 puntos porcentuales en la renta del país.
Esta trayectoria contrasta marcadamente con la media europea, donde la industria representa el 13,7% del empleo y el 15,6% del VAB. España se encuentra 3,9 puntos porcentuales por debajo de esta media y se aleja cada vez más de la meta europea de que la industria alcance al menos el 20% del PIB nacional. Expertos como Juan Fernández de Guevara, investigador del Ivie, señalan que esta distancia es creciente, marcando una clara desindustrialización, en parte atribuible a la globalización y la deslocalización productiva.
A pesar de esta contracción, la industria manufacturera conserva su relevancia en el comercio exterior, siendo responsable del 84% de las exportaciones de bienes y generando el 20,3% del PIB a través de ellas. No obstante, su limitada industrialización se traduce en un menor impacto exportador en comparación con la media de la UE, que es del 31,1%. El sector, compuesto por más de 150.000 empresas y 2,17 millones de empleados, enfrenta un debilitamiento en su capacidad de influencia ante las exigencias crecientes en digitalización, sostenibilidad y productividad.
La productividad del trabajo en la manufactura española supera a la de los servicios; sin embargo, al considerar la productividad total de los factores (PTF), que incluye el capital, esta ventaja se desvanece. La industria manufacturera española es un 6% menos eficiente que los servicios y su productividad es un 5,4% inferior a la media europea, con diferencias aún mayores respecto a países como Alemania (29% menos) y Francia (16% menos). Dentro del propio sector, existen disparidades significativas, con el subsector de fabricación de material de transporte siendo 3,6 veces más productivo que el de alimentación, bebidas y tabaco.
La concentración de la producción en cuatro ramas principales —agroalimentaria (19,4%), metalurgia (12,7%), química-farmacéutica (12,1%) y transporte (11,8%)— subraya la diversidad del sector. A pesar de esto, España presenta una menor participación en la fabricación de maquinaria y equipos, y una brecha aún mayor en productos informáticos y electrónicos en comparación con la UE.
La eficiencia productiva no siempre se traduce en liderazgo empresarial. El estudio revela que las empresas más eficientes no siempre ganan la mayor cuota de mercado, debido a obstáculos como el poder de las grandes firmas, la baja entrada de nuevas empresas y la escasa salida de las menos productivas. Además, las empresas líderes en el sector manufacturero español muestran niveles de eficiencia inferiores a los de las líderes del conjunto de la economía o del sector servicios, y la PTF crece a un ritmo más lento.
La transformación digital se presenta como un reto crucial. Aunque la eficiencia en las manufacturas altamente digitalizadas es significativamente mayor, solo el 62% de las empresas manufactureras españolas posee un nivel digital básico o superior, muy por debajo del objetivo europeo del 90%. En cuanto a la inversión en I+D, la industria manufacturera destina un 3,8% de su VAB, más del doble que el promedio económico nacional, pero muy inferior al 8,7% de la media europea. La inversión en activos intangibles en España también es notablemente baja (10,6% del VAB frente al 20% de la UE), lo que explica en parte la menor productividad.
La transición energética es otro desafío fundamental. La industria es el segundo mayor consumidor de energía en España. Aunque el país supera el indicador de eficiencia energética de la UE, la competitividad de la industria manufacturera dependerá en gran medida de su capacidad para abrazar estas transformaciones digitales y energéticas, lo que se vislumbra como una oportunidad para el crecimiento y el liderazgo industrial a largo plazo.
Desde una perspectiva de observador crítico, la situación actual de la industria manufacturera española nos interpela profundamente. No se trata únicamente de una estadística de empleos perdidos o de una merma en la aportación al PIB; es una llamada de atención sobre la necesidad urgente de una reorientación estratégica. La brecha con Europa en términos de productividad, digitalización e inversión en I+D no es solo un indicador, sino un espejo que refleja la urgencia de actuar. La fortaleza de una nación, en gran medida, radica en la resiliencia y la capacidad de innovación de su tejido productivo. Si España aspira a un futuro próspero y competitivo en el escenario global, es imperativo que las políticas industriales prioricen la inversión en tecnologías avanzadas, la formación de talento y un marco que fomente la adaptabilidad y el crecimiento de sus empresas manufactureras. Solo así se podrá revertir esta tendencia y asegurar que la industria no solo recupere su peso, sino que se posicione a la vanguardia de la economía del futuro.
