La era Meriton en el Valencia CF ha estado caracterizada por una significativa transformación en la estrategia de fichajes y una notable desinversión en el club, especialmente en la posición de defensa central. Desde los desembolsos iniciales por jugadores de alto perfil hasta la actual dependencia de la cantera y las cesiones, la política de gestión ha generado un declive deportivo evidente. Esto ha llevado al equipo a una situación de vulnerabilidad en la que la estabilidad defensiva se ha visto comprometida, obligando a los jóvenes talentos a asumir roles cruciales.
El cambio de modelo ha impactado directamente en la competitividad del equipo, que ha pasado de aspirar a competiciones europeas a luchar por mantenerse en la élite. La falta de inversión en la zaga ha sido un síntoma claro de esta tendencia, con la salida de defensores clave y la llegada de futbolistas de bajo coste o cedidos. Esta dinámica ha puesto de manifiesto la necesidad urgente de una planificación a largo plazo y una mayor apuesta económica para recuperar la solidez defensiva y el prestigio deportivo del Valencia CF.
El descenso progresivo en la calidad defensiva
La gestión de Meriton Holdings ha provocado un evidente deterioro deportivo en el Valencia CF, que se ha traducido en un descenso en la clasificación de la liga, la ausencia en torneos continentales y una reducción drástica de los ingresos. Este proceso de desinversión ha afectado de manera particular a la posición de defensa central, un área que en el pasado recibió inversiones significativas con jugadores como Otamendi y Mustafi, quienes costaron alrededor de 20 millones de euros. Actualmente, el equipo se apoya en talentos emergentes de la cantera, como César Tárrega, mientras que otros prometedores defensas, como Yarek Gasiorowski y Cristhian Mosquera, han dejado el club para unirse a equipos de mayor categoría, muchos de ellos con participación en la Champions League.
La solidez defensiva, que solía ser un pilar fundamental en las ambiciones del club, se ha debilitado considerablemente debido a la política de fichajes. En los últimos cinco años, el Valencia CF ha dependido de la venta de jugadores formados en su academia o adquiridos durante la etapa de Marcelino, Mateu Alemany y Pablo Longoria. La llegada de futbolistas cedidos o de bajo costo ha sido la norma, contrastando con las inversiones previas. El técnico Carlos Corberán ha expresado la necesidad de reforzar la zaga con un central titular, mientras que jugadores como Cenk y Cömert, considerados descartes, podrían disputar un puesto como cuarto central, reflejando la precariedad de la situación.
El resurgimiento y las dificultades de la cantera
El Valencia de Marcelino García Toral representó un período de notable resurgimiento para el club, cimentado en una sólida estructura defensiva. Durante esta etapa, se realizaron inversiones estratégicas en jugadores experimentados como Ezequiel Garay, Gabriel Paulista y Jeison Murillo, quienes, junto a la prometedora cesión de Eliaquim Mangala, formaron una retaguardia formidable. Esta estrategia dio sus frutos, permitiendo al equipo competir al más alto nivel, clasificar en dos ocasiones para la Liga de Campeones y conquistar la Copa del Rey del Centenario. Incluso la llegada de Mouctar Diakhaby por 12 millones de euros reforzó aún más la defensa, consolidando un proyecto exitoso que, sin embargo, fue abruptamente desmantelado con la salida de Marcelino y el incumplimiento de promesas, como la renovación de Garay tras su lesión.
A raíz de esta decisión, el Valencia adoptó una política de fichajes de bajo coste que precipitó un declive competitivo, obligando al equipo a coquetear con el descenso en dos ocasiones. La defensa se sostuvo principalmente gracias a la experiencia de Paulista y Diakhaby, y al surgimiento de talentos de la cantera, que han sido cruciales para mantener al equipo a flote. La etapa de Francisco Corona en la dirección deportiva vio la llegada de jugadores como Francisco Ferro, Eray Cömert y Omar Alderete, aunque la negativa a invertir en este último, a pesar de su buen rendimiento, en favor de un costoso Cenk Özkacar que no rindió al nivel esperado, ejemplifica la inconsistencia en la política de fichajes. A pesar de todo, la cantera, con jóvenes como Cristhian Mosquera y César Tárrega, ha demostrado un compromiso y una calidad excepcionales, asumiendo la responsabilidad en momentos críticos y demostrando ser el verdadero motor de resistencia del equipo en esta etapa de desinversión.
