El análisis de las cifras de afiliación a la Seguridad Social que el gobierno español presenta como un éxito sin precedentes revela una realidad más compleja. Lejos de ser un reflejo directo de la fortaleza económica o la creación de empleo genuino, este «récord» es, en gran parte, el resultado de dinámicas demográficas, principalmente la inmigración, y de métodos estadísticos que distorsionan la percepción. La entrada masiva de trabajadores extranjeros impulsa las inscripciones, mientras que el creciente fenómeno del pluriempleo y la figura de los fijos discontinuos —que mantienen su estatus de afiliados incluso en periodos de inactividad— inflan artificialmente los totales. Así, lo que se publicita como un logro podría, en realidad, señalar hacia una mayor precariedad y la insuficiencia de un solo empleo para garantizar una vida digna.
Análisis Detallado de las Estadísticas Laborales en España
Constantemente, la administración en España difunde el mensaje de un «máximo histórico» en las afiliaciones a la Seguridad Social, evocando una retórica que recuerda a los antiguos noticieros. El propósito subyacente es validar la gestión económica y laboral. Sin embargo, un examen minucioso de esta afirmación revela que su veracidad se atribuye más a tendencias demográficas que a políticas gubernamentales, y que el resto es producto de una manipulación estadística.
Desde el inicio del actual mandato gubernamental, la población española ha crecido en aproximadamente 2.2 millones de individuos, un aumento casi totalmente atribuible a la inmigración. Este flujo migratorio tiene un impacto directo en el mercado laboral: los nuevos residentes en edad de trabajar se convierten, con alta probabilidad, en nuevos afiliados. Entre finales de 2019 y 2024, el incremento de personas ocupadas no nacidas en España fue de 1.35 millones, lo que subraya que una parte significativa del crecimiento en la afiliación se debe a la incorporación de mano de obra externa, más que a la creación de empleo orgánico para los residentes de larga duración.
Un segundo factor que relativiza el optimismo oficial es la distinción entre «afiliaciones» y «afiliados». La Seguridad Social registra afiliaciones, que corresponden a puestos de trabajo, no a individuos. Cuando una persona tiene múltiples empleos (pluriempleo), genera múltiples afiliaciones, aunque solo sea una única persona física. Se estima que el pluriempleo infla el número total de afiliaciones en más de 800,000 registros, lo que significa que el número real de individuos dados de alta es considerablemente menor que la cifra oficial que supera los 20 millones. El pluriempleo, que alcanzó casi 600,000 personas a finales de 2024 según la EPA, sugiere que muchos trabajadores necesitan más de un empleo para subsistir dignamente, indicando precariedad salarial más que prosperidad.
Finalmente, la reforma laboral de 2021 introdujo los «fijos discontinuos», un tipo de contrato que permite al trabajador mantener su estatus de afiliado incluso en periodos de inactividad, sin ser considerado parado en términos estadísticos. Esto significa que la cifra de afiliaciones incluye a un número creciente de personas con empleo «formal» pero que, en la práctica, están temporalmente desempleadas. La falta de transparencia en la divulgación de cuántas personas se encuentran en esta situación «fantasma» contribuye a una percepción distorsionada de la salud del mercado laboral.
En resumen, el verdadero indicador de un mercado laboral sano no es solo la cantidad absoluta de afiliaciones, sino la calidad del empleo: su estabilidad, el número de horas trabajadas por individuo, la evolución de los salarios reales en comparación con la inflación y la reducción de la necesidad de pluriempleo para que los trabajadores puedan cubrir sus necesidades básicas. El presunto «récord» de afiliados, por tanto, es más una construcción estadística que una prueba irrefutable de éxito económico y bienestar laboral.
Este análisis invita a la reflexión sobre la importancia de la transparencia en las estadísticas públicas y la necesidad de mirar más allá de los titulares superficiales. Como observadores y ciudadanos, es crucial cuestionar las narrativas oficiales y buscar una comprensión más profunda de la realidad económica. El bienestar de los trabajadores y la estabilidad del mercado laboral deben medirse por indicadores de calidad y no solo por cifras absolutas que pueden ser engañosas. Es un recordatorio de que la verdadera prosperidad se construye sobre cimientos sólidos, no sobre ilusiones estadísticas.
