En numerosas localidades alrededor del mundo, la advertencia “Prohibido dar de comer a los animales” resuena con fuerza, fundamentada en preocupaciones por la salud pública, la higiene y el bienestar animal. Un estudio reciente, llevado a cabo en parques nacionales de Sri Lanka e India, ha arrojado luz sobre las graves consecuencias de esta práctica, especialmente en el caso de los elefantes salvajes. La investigación destaca cómo la alimentación por parte de los turistas no solo altera el comportamiento natural de los animales, sino que también genera situaciones peligrosas que han resultado en muertes tanto humanas como de fauna, además de degradar los ecosistemas.
El estudio, publicado en Ecological Solutions and Evidence y liderado por la bióloga Shermin de Silva de la Universidad de California-San Diego, examina cómo la provisión de alimentos transforma a especies originalmente esquivas, como el elefante asiático (Elephas maximus), en individuos dependientes y habituados a la presencia humana. Esta habituación incrementa drásticamente los conflictos mortales. La alimentación de animales silvestres con fines turísticos, a pesar de facilitar avistamientos cercanos y de impulsar economías locales, ha sido criticada por muchos expertos debido a la dependencia humana que genera, los conflictos resultantes y el aumento de la mortalidad.
Realizado entre 2007 y 2024 en el Parque Nacional Udawalawe (Sri Lanka) y la Reserva de la Biosfera Nilgiri (India), el estudio se centró en la interacción humana con los elefantes. De 439 machos identificados en Sri Lanka, un significativo 9% al 15% (66 elefantes) fueron observados pidiendo comida en una valla eléctrica. Catorce de estos ejemplares frecuentaron la zona durante más de una década, evidenciando una fuerte dependencia.
Los investigadores identificaron tres consecuencias críticas: en primer lugar, se documentaron muertes, incluyendo tres elefantes y un humano cerca de la valla. Un elefante joven falleció atropellado tras romper la valla, y otro fue abatido al irrumpir en cultivos de caña de azúcar. En segundo lugar, se observó una degradación ecológica: el análisis de heces de elefante reveló la ingestión de plásticos, indicando que consumían alimentos empaquetados ofrecidos por humanos. Un caso emblemático fue el de “Rambo”, un macho adulto que mendigó durante 17 años y, a pesar de su comportamiento habitual, desapareció en 2023 tras ser herido por humanos. En la India, de once machos alimentados por turistas entre 2007 y 2022, cuatro (36%) perecieron por causas antropogénicas como envenenamiento o heridas. Sin embargo, la pandemia (2020-2021) demostró que la deshabituación es posible, ya que, con la reducción del turismo, cinco de los seis elefantes restantes dejaron de buscar comida humana.
De Silva subraya que muchos turistas subestiman la naturaleza salvaje de estos animales, acercándose demasiado en busca de fotos, lo que representa un riesgo mutuo. El estudio concluye que las buenas intenciones turísticas a menudo ignoran los impactos sistémicos negativos, como la transmisión cultural de conductas perjudiciales (por ejemplo, romper vallas) y enfermedades. Además, la investigación evalúa la regulación de esta actividad y la considera inviable debido a la falta de control centralizado y a los escasos beneficios socioeconómicos y conservacionistas. Los autores instan a la aplicación estricta de las prohibiciones de alimentación y a la implementación de sanciones económicas inmediatas, junto con campañas educativas multilingües en zonas turísticas. A largo plazo, se propone restaurar los hábitats degradados para reducir la necesidad de los animales de buscar alimento humano y fomentar una “educación turística” coordinada con operadores locales.
