La expresión emocional en el ámbito laboral se ha convertido en un tema central, especialmente con la llegada de nuevas generaciones al mercado de trabajo. Un estudio reciente de la consultora Korn Ferry ha puesto de manifiesto que un número significativo de empleados, particularmente en el Reino Unido, experimenta llanto en el trabajo. Este fenómeno, antes considerado un tabú, está siendo reevaluado, sugiriendo un cambio en la percepción cultural sobre cómo se deben manejar las emociones en un entorno profesional. La investigación destaca que la Generación Z es más propensa a estas manifestaciones, y que las mujeres, a pesar de ser quienes más lloran, a menudo enfrentan juicios negativos por ello. Este panorama desafía a los líderes a desarrollar nuevas estrategias para gestionar la salud emocional de sus equipos y crear un ambiente más comprensivo.
El estudio de Korn Ferry, titulado 'Crying at Work: Another New Normal?', revela una estadística sorprendente: uno de cada tres empleados en el Reino Unido ha llorado en su lugar de trabajo. Este dato se contextualiza con la experiencia de un joven graduado en la City londinense, cuya acumulación de estrés lo llevó a un colapso emocional. Grant Duncan, socio director general de Korn Ferry, subraya que este comportamiento forma parte de una 'nueva normalidad' impulsada por un cambio generacional, donde la manifestación de emociones es más aceptada. Sin embargo, persisten diferencias significativas; el 34% de los que lloraron pertenecen a la Generación Z, frente a solo el 7% de los baby boomers. Además, existe un sesgo de género pronunciado, con el 66% de los casos correspondiendo a mujeres, quienes, según Drew Hill, también de Korn Ferry, suelen ser penalizadas por incompetencia al mostrar esta vulnerabilidad, a diferencia de los hombres.
El Dr. Amable Cima, profesor adjunto de Neuropsicología de la Universidad CEU San Pablo, enfatiza la relevancia del contexto anglosajón del estudio, donde la expresión pública de emociones ha sido tradicionalmente reprimida. No obstante, coincide en la existencia de un cambio generacional que prioriza la salud mental y física sobre las exigencias laborales. Las generaciones anteriores, como la británica post-Segunda Guerra Mundial o la española de la posguerra, se forjaron en un modelo de compromiso y sacrificio laboral. En contraste, la Generación Z ha crecido en un entorno que valora el bienestar, modificando radicalmente la resiliencia ante las demandas del trabajo. Cima explica que una expresión puntual de emociones negativas en el trabajo puede generar inicialmente una respuesta de atención y apoyo por parte de los compañeros y superiores. Sin embargo, si esta conducta se prolonga, la percepción cambia, pudiendo ser vista como un obstáculo para el rendimiento y la consecución de objetivos colectivos, lo que podría conducir al rechazo del empleado.
El Dr. Cima cuestiona la superficialidad de las recomendaciones de Korn Ferry para los líderes, que se resumen en una aproximación informal. Dado que el 55% de los llantos se atribuyen al estrés laboral y el 27% al agotamiento emocional, la respuesta de un líder debería ser más estructurada y profunda. Propone un enfoque de tres niveles. El primer nivel implica una evaluación directa de las causas del empleado; si son personales y externas al ámbito laboral, se debe determinar su impacto en el desempeño y si requieren ayuda profesional externa. El segundo nivel se enfoca en las causas organizacionales, como el tipo de tarea, la posición jerárquica, la capacitación o el acoso laboral, exigiendo al líder un análisis exhaustivo para ajustar las demandas laborales al trabajador. Finalmente, el tercer nivel aborda el estrés laboral derivado de una estructura organizacional deficiente, lo que obliga al líder a revisar y replanificar su propia estructura para mejorar la salud mental y física de los empleados, ya que el llanto es un indicador temprano de ausentismo y alta rotación.
La aceptación de las emociones en el espacio de trabajo es crucial para fomentar un ambiente más humano y productivo. Ignorar estas señales puede tener consecuencias negativas a largo plazo, tanto para el individuo como para la organización. Un liderazgo empático y proactivo que sepa interpretar y actuar frente a las manifestaciones emocionales de sus equipos es indispensable en el panorama laboral actual.
