Desde hace mucho tiempo, la expresión del luto ha sido asociada casi exclusivamente con la especie humana. No obstante, hallazgos científicos emergentes están reconfigurando esta percepción, evidenciando que el proceso de duelo es una experiencia compartida por numerosas especies en el reino animal. Específicamente, un estudio reciente llevado a cabo por la Universidad de Osaka ha puesto de manifiesto que los macacos japoneses, una especie conocida por su inteligencia y adaptabilidad, exhiben una sensibilidad emocional ante el fallecimiento de sus congéneres mucho más intrincada de lo que previamente se había considerado. Estos nuevos datos desafían las nociones preconcebidas sobre la complejidad emocional en animales, sugiriendo que la capacidad de sentir y reaccionar ante la pérdida no es un rasgo único de nuestra especie.
El estudio, divulgado en la revista especializada Primates, documenta por primera vez y con gran detalle la respuesta de estos primates ante la muerte de otros macacos adultos con los que mantenían fuertes vínculos sociales. Las observaciones indican que los macacos reaccionan de manera particular a la pérdida de sus seres queridos. A través del análisis de cuatro casos específicos dentro de una población silvestre en Katsuyama, Japón, los investigadores pudieron identificar patrones de conducta que denotan una conciencia social ante la muerte. Esta reacción se ve influenciada tanto por el estado físico del animal fallecido como por la intensidad de la relación preexistente entre los individuos. Anteriormente, las manifestaciones de luto en primates no humanos se habían documentado casi exclusivamente en madres que transportaban a sus crías sin vida. Este trabajo amplía significativamente ese campo de estudio, al enfocarse en adultos y en cómo otros miembros del grupo responden a su sufrimiento y deceso.
Masayuki Nakamichi, el autor principal de esta investigación, enfatiza la singularidad de los datos recabados, señalando la rareza de observar y registrar comportamientos tan complejos en animales salvajes. “Es extraordinariamente difícil documentar estas conductas en su entorno natural”, afirmó Nakamichi. El seguimiento detallado de los individuos que permanecían cerca del fallecido y la documentación de sus interacciones revelaron que la naturaleza de sus reacciones se ve fuertemente condicionada por lazos sociales previos. Los investigadores constataron una aversión generalizada hacia los cadáveres en estado de descomposición o infestados por larvas. Sin embargo, esta aversión no era absoluta: en situaciones donde existía un vínculo social muy fuerte, algunos macacos optaban por permanecer cerca del cuerpo, incluso si presentaba señales de deterioro.
El estudio detalla cuatro casos que ilustran la variedad de respuestas. En el primer incidente, un anciano macho alfa, ‘Rikinio’, resultó herido en un altercado y su herida se infectó rápidamente con larvas. A medida que su estado empeoraba, la mayoría de los macacos lo evitaban, incluso aquellos con los que solía interactuar. No obstante, ‘Pet’, la hembra alfa y su compañera social más cercana, no solo permaneció a su lado hasta el último momento, sino que lo acicaló repetidamente, llegando incluso a extraer y consumir larvas de su lesión. Kazunori Yamada, coautor del estudio, interpretó este comportamiento como una manifestación profunda de lazos emocionales que evocan la compasión humana.
Otro episodio involucró a un segundo macho alfa, ‘K75’, cuyo cuerpo fue encontrado sin vida. Aunque gran parte del grupo se mantuvo alejado del área, algunas hembras que habían compartido lazos sociales con él cruzaron un río para permanecer relativamente cerca. Una joven hembra, en particular, se acercó a menos de un metro del cadáver sin mostrar aversión, lo que sugiere una profunda conexión previa. El tercer caso, el de una hembra mayor llamada ‘Pet79’, también infestada por larvas, mostró una reacción diferente. Sus propias hijas, quienes en circunstancias normales la acicalarían, la abandonaron tras inspeccionar la herida. Según el estudio, esta reacción, incluso por parte de parientes cercanos, indica una fuerte aversión sensorial a los signos de descomposición.
Finalmente, el cuarto caso se centró en un macho adulto que falleció sin heridas visibles. Varios individuos le prestaron atención, y una cría, probablemente influenciada por el vínculo de su madre con el difunto, lo acicaló durante dos minutos. Otros macacos se sentaron cerca del cuerpo sin señales de rechazo. Este contraste con los casos anteriores subraya cómo el estado físico del cadáver impacta las respuestas sociales.
Los investigadores subrayan dos factores clave que modelan las reacciones de los macacos ante la muerte: el estado del cadáver y la naturaleza del vínculo social preexistente. Si el cuerpo exhibía signos de descomposición, como heridas o larvas, los macacos tendían a evitarlo, incluso si había una conexión estrecha. Por el contrario, los cuerpos sin señales de deterioro no provocaban aversión y, en ocasiones, daban lugar a comportamientos afectivos como el acicalamiento o la permanencia cercana. Esta aversión a la descomposición podría ser una estrategia evolutiva para prevenir enfermedades o eludir depredadores. Además, la solidez del vínculo social se manifestó como un determinante crucial en ciertos escenarios, aunque no todos los individuos con vínculos cercanos reaccionaron con proximidad, ni todos los que no tenían lazos se mantuvieron distantes, revelando la complejidad de estas interacciones. Estos hallazgos abren nuevas vías de investigación sobre la percepción de la muerte en primates no humanos. Si bien los autores son cautelosos al atribuir una conciencia plena de la muerte, sugieren que los macacos son capaces de detectar cambios fundamentales en sus congéneres, como la inmovilidad prolongada, y responder de maneras socialmente relevantes. “Creemos, con la debida prudencia, que los monos consideran a los individuos que dejan de moverse como algo sumamente anómalo; lo que antes tenía vida, ahora no la tiene. Esto podría representar una etapa inicial en la conciencia de la muerte”, explica Nakamichi. Aunque distantes de los rituales funerarios humanos, los comportamientos observados en los macacos japoneses apuntan a una sensibilidad social que podría compartir raíces evolutivas, sugiriendo que la capacidad de algunos individuos para permanecer junto a sus compañeros fallecidos, incluso ante riesgos biológicos, podría ser una forma rudimentaria de compasión o duelo.
En síntesis, este estudio pionero desafía las nociones antropocéntricas del duelo, revelando que los macacos japoneses demuestran una capacidad emocional compleja ante la pérdida de sus congéneres. La investigación, basada en observaciones detalladas de cuatro casos, muestra que las reacciones de los macacos se ven influenciadas por la calidad de los vínculos sociales y el estado físico del cuerpo. Aunque existe una aversión generalizada hacia los cadáveres en descomposición, la persistencia de algunos individuos cerca de los fallecidos con los que tenían un lazo fuerte sugiere una forma incipiente de compasión y una conciencia social de la muerte. Este descubrimiento nos invita a reconsiderar la profundidad de las emociones en el reino animal y las posibles raíces evolutivas de comportamientos asociados al luto.
