La decisión de Málaga de retirarse como sede para el Mundial de Fútbol de 2030 ha dejado un significativo rastro financiero, con una inversión que supera el medio millón de euros, destinada exclusivamente a análisis preliminares. Este gasto se concentró en una serie de 16 estudios técnicos encargados por el Ayuntamiento para evaluar la viabilidad de la remodelación del estadio La Rosaleda, un requisito indispensable para cumplir con los estándares exigidos por la FIFA. El estudio más oneroso, que ascendió a casi 169.000 euros, se centró en explorar el potencial de desarrollo y diversas alternativas de explotación para el estadio, incluyendo la idea de transformarlo en un \"estadio Arena\" capaz de albergar grandes eventos más allá de los deportivos. Sin embargo, esta ambiciosa segunda fase siempre estuvo condicionada a la participación de inversores privados, cuyo interés nunca se materializó, dejando la carga de una primera fase, estimada en 275 millones de euros, enteramente sobre las arcas públicas. La oposición política ha criticado duramente estos desembolsos, calificándolos de \"derroche\" y exigiendo explicaciones claras sobre la responsabilidad en esta gestión.
Los gastos no se limitaron únicamente a la infraestructura principal del estadio. Otros estudios significativos incluyeron informes sobre patologías estructurales, levantamientos topográficos y escaneo 3D del recinto de Martiricos, con costos que oscilan entre los 11.000 y 18.000 euros por cada análisis. Además, se destinaron considerables sumas a la planificación del entorno exterior de La Rosaleda, como un estudio geotécnico de más de 100.000 euros para el estadio y sus alrededores, y propuestas para la reordenación urbana y la creación de un puente-plaza sobre el río Guadalmedina para mejorar la evacuación. Incluso el Estadio Ciudad de Málaga, que jugó un papel crucial en la reciente renuncia de la ciudad como sede, fue objeto de un estudio geotécnico que superó los 18.000 euros. Un plan de movilidad específico para el Mundial 2030 en La Rosaleda también representó un gasto de más de 13.000 euros, sumando así casi medio millón de euros en estudios cuya utilidad actual es cuestionable, especialmente ante la posibilidad de construir un nuevo estadio en una ubicación diferente.
A pesar de la considerable suma invertida sin que el proyecto llegara a término, el alcalde Francisco de la Torre ha defendido la validez de los estudios realizados, asegurando que estos tienen un valor inherente y que incluso se ha reservado un presupuesto adicional para explorar nuevas posibilidades. La transparencia y la buena gestión de los recursos públicos son pilares fundamentales para el progreso de cualquier comunidad. Si bien los proyectos ambiciosos pueden no siempre alcanzar sus metas iniciales, la lección aprendida de cada inversión fallida, junto con una evaluación honesta y constructiva, puede guiar futuras decisiones hacia un desarrollo más eficiente y beneficioso para la ciudadanía. Es un recordatorio de que la planificación meticulosa y la responsabilidad en el uso de los fondos son esenciales para construir un futuro sólido y prometedor, incluso cuando los planes originales toman un giro inesperado.
