En la era actual, donde la preocupación por el medio ambiente es primordial, surge una problemática creciente conocida como 'greenwashing', que consiste en presentar como ecológicas prácticas que en realidad no lo son. Sin embargo, en Barcelona, una empresa pionera está marcando un hito en la lucha contra esta práctica, utilizando la inteligencia artificial y la colaboración con comunidades indígenas para proteger millones de hectáreas de la selva amazónica. Su enfoque no solo se centra en la tecnología de vanguardia para monitorear los ecosistemas, sino también en la capacitación de los habitantes locales, transformándolos en custodios activos de sus propios territorios. Esta sinergia entre innovación y sabiduría ancestral promete una solución robusta y transparente para la conservación ambiental y la generación de bonos de carbono auténticos.
La CEO de PlanetAI Space Group y presidenta de la fundación PlanetAI Nature Space, María Fernanda González, subraya la importancia de abordar el 'greenwashing' en proyectos de conservación forestal. PlanetAI se distingue por fusionar la interpretación de imágenes satelitales, utilizadas por entidades como la NASA y la ESA, con la certificación de bonos de carbono. Este modelo busca asegurar la trazabilidad, transparencia y precisión en un sector emergente vital para el futuro del planeta. Sin un medio ambiente saludable, aspectos fundamentales de la vida humana como la economía, la salud y la política carecen de sentido.
Uno de los proyectos más emblemáticos de PlanetAI abarca 3.5 millones de hectáreas en la Amazonía colombiana, habiendo generado más de 130 millones de toneladas de bonos de carbono en solo tres años. Cada bono representa una tonelada de CO2 que se evita emitir o que es absorbida por los bosques. González enfatiza que las comunidades indígenas, quienes cuidan el 80% de los bosques del mundo, son esenciales para cualquier estrategia de conservación efectiva. En el Amazonas, estas comunidades poseen un conocimiento ancestral invaluable que, combinado con la inteligencia artificial de PlanetAI, permite un monitoreo y una gestión forestal más eficientes.
Aunque PlanetAI inició con el capital de sus tres fundadores (González, el astrofísico Santiago Vargas y el economista Iván Vilar), su modelo de negocio se basa en la monetización a través de la emisión de bonos de carbono. La empresa cobra un porcentaje por cada bono, el cual disminuye a medida que aumenta el volumen de bonos emitidos. Mientras que en Colombia un crédito puede venderse por 5 o 6 dólares, en mercados como Estados Unidos o Europa pueden alcanzar los 50 dólares, y hasta 100 en casos de mayor complejidad, como la gestión de metano.
La implementación de un proyecto como el amazónico es un proceso complejo que involucra a múltiples actores. Primero, los propietarios del territorio, como los 12,000 indígenas que habitan esa franja de la selva. Luego, la empresa desarrolladora, encargada de asegurar la conservación de los árboles. En tercer lugar, PlanetAI Nature Space, que certifica los proyectos con una metodología científicamente avalada. Después, un auditor externo interviene para verificar el cumplimiento. Finalmente, una plataforma bancaria almacena los créditos de carbono, tokenizados por PlanetAI y listos para su venta. Este sistema permite a las empresas con altas emisiones optar por comprar bonos de carbono en lugar de pagar impuestos, obteniendo un beneficio fiscal. El equipo de PlanetAI trabaja también en la medición precisa de las emisiones de las empresas para erradicar por completo el 'greenwashing'.
González enfatiza que el objetivo principal es garantizar que la naturaleza sea protegida de manera efectiva y que los incentivos funcionen. Es crucial asegurar que los fondos lleguen directamente a las comunidades del territorio, evitando la intermediación innecesaria. Además, resalta la importancia de la trazabilidad y el respeto a la realidad indígena, formándolos sin imponer una perspectiva occidental. Los proyectos deben incorporar sus conocimientos, gobernanza y abordar nuevos problemas introducidos externamente, como la gestión de residuos. El proyecto amazónico es un desafío a largo plazo que trasciende el ámbito climático, ya que busca preservar la cultura y el idioma de las nuevas generaciones indígenas, advirtiendo que su desaparición implicaría un grave perjuicio para la Tierra.
PlanetAI Nature Space cuenta con cuatro metodologías para generar bonos de carbono: carbono forestal (con el proyecto amazónico como el más grande a nivel mundial), carbono azul (para manglares en América Latina, Asia y África), cultivo sostenible de aceite de palma y metano. Este último, con 30 millones de pozos petrolíferos abandonados que emiten metano, podría convertirse en una solución global clave. Sellar estos pozos es técnicamente sencillo, pero requiere inversión. González propone ofrecer bonos de carbono como incentivo a las petroleras para sellar adecuadamente los pozos, transformando el castigo en una recompensa tangible.
En contraste con mercados regulados como Japón, donde la administración gestiona todo, PlanetAI Nature Space opera en mercados voluntarios. Ante la cuestión de quién verifica a la propia empresa, González explica que realizaron una evaluación exhaustiva de las certificaciones existentes y concluyeron que ninguna tenía la tecnología necesaria. Por ello, desarrollaron su propio método, respaldado por la ciencia y expertos. Utilizan imágenes satelitales como fuente principal de datos, aplicando algoritmos preexistentes y diseño propio, con la ayuda de la inteligencia artificial para un análisis rápido y preciso. Asimismo, González expresa su asombro por la falta de uso de herramientas tecnológicas disponibles en países como España, citando como ejemplo un satélite de la NASA que detecta incendios en tiempo real y es de uso gratuito, señalando una evidente carencia de formación tecnológica en las administraciones públicas que podría optimizar su agilidad y respuesta ante emergencias.
