Un reciente estudio del Foro Económico Mundial destaca un creciente temor respecto al estado actual de la economía global. Basado en una encuesta realizada entre abril de 2025, los economistas de sectores públicos y privados coinciden en que el panorama económico se debilitará significativamente. Este fenómeno está impulsado principalmente por decisiones comerciales estadounidenses que han generado tensiones internacionales. Aunque hubo intentos de calmar la situación, la incertidumbre persiste a nivel mundial, afectando no solo a Estados Unidos sino también a Europa, China y América Latina. Paralelamente, la inteligencia artificial emerge como un factor clave que podría redefinir tanto el empleo como el crecimiento económico.
En abril de 2025, Estados Unidos anunció un aumento sin precedentes en sus aranceles de importación, lo que desencadenó turbulencias financieras globales y represalias comerciales, particularmente por parte de China. Pese a un acuerdo temporal para pausar la escalada arancelaria, las perspectivas económicas siguen siendo sombrías. El informe revela que más del 79% de los expertos consideran que estos cambios comerciales son estructurales y duraderos. En este contexto, Europa experimenta un débil crecimiento con signos de recuperación, mientras que China enfrenta dudas sobre su meta de crecimiento debido a factores internos y externos.
América Latina, por su parte, enfrenta una desaceleración económica marcada por condiciones financieras más estrictas y una menor demanda de socios comerciales clave. Las políticas fiscales permanecen limitadas, y casi un 38% anticipa inflación persistente en la región. Este entorno genera preocupaciones adicionales sobre la inversión y la confianza del consumidor.
La fragmentación geoeconómica es otro tema destacado en el informe. Más del 98% de los economistas espera que esta tendencia aumente durante el año, afectando decisiones empresariales cruciales. Las empresas están postergando inversiones estratégicas y reorganizando sus cadenas de suministro ante riesgos globales crecientes.
En medio de estas adversidades, la inteligencia artificial (IA) surge como un doble filo. Si bien se prevé que pueda impulsar significativamente el crecimiento global en la próxima década, sus efectos sobre el empleo son ambiguos. Mientras algunos ven pérdidas netas de puestos de trabajo, otros esperan ganancias derivadas de la automatización y la innovación. Para maximizar sus beneficios, tanto gobiernos como empresas deben invertir en infraestructura tecnológica y programas de capacitación laboral.
El futuro económico mundial parece estar definido por incertidumbre y transformación tecnológica. La integración adecuada de la IA podría ser clave para mitigar los impactos negativos de la fragmentación global y promover un crecimiento sostenible. Sin embargo, será necesario un enfoque coordinado entre innovación tecnológica y comprensión del entorno económico para garantizar resiliencia frente a los desafíos actuales.
