En un momento de incertidumbre y disfuncionalidad, el analista Leopoldo Abadía comparte su perspectiva inquietante sobre la situación política y social contemporánea. A través de una lente crítica, el autor examina eventos recientes que, a su parecer, denotan una preocupante ausencia de responsabilidad y consecuencias. Se establecen paralelismos con las teorías de golpe de Estado de autores como Curzio Malaparte, quien distinguía entre los enfoques de Lenin (movilización masiva) y Trotski (intervención técnica y selectiva). Abadía apunta a la recurrencia de incidentes como interrupciones energéticas y problemas en la infraestructura de transporte, sugiriendo que, a pesar de su impacto, no se observan asunciones de culpa ni renuncias por parte de los implicados. Esta crónica reflexiona sobre la acumulación de autoridad en ciertas figuras políticas y las implicaciones de las declaraciones de líderes regionales, provocando una pregunta fundamental sobre la naturaleza de los cambios que se están gestando en la nación.
La obra de Curzio Malaparte, 'Técnica del golpe de Estado', ofrece dos perspectivas fundamentales sobre la toma del poder. Por un lado, Lenin defendía un enfoque político, argumentando que una insurrección exitosa dependía del impulso revolucionario de millones de ciudadanos. Por otro lado, Trotski planteaba una visión más técnica, proponiendo que un golpe podía ser ejecutado por un grupo reducido de individuos altamente cualificados, capaces de infiltrarse y controlar los centros neurálgicos de un país. Trotski incluso afirmaba que la insurrección no era un arte, sino una labor para técnicos, y que su éxito no dependía de las condiciones políticas o sociales, pudiendo aplicarse en cualquier nación, ya fuera Francia, Inglaterra, Alemania, Suiza o España.
En este contexto, el autor observa una serie de acontecimientos que le resultan desconcertantes. Hace unos meses, se produjo un apagón eléctrico masivo que afectó simultáneamente a España y Portugal. A pesar de la magnitud del suceso, que puso en tela de juicio la gestión de Red Eléctrica y la viabilidad de la combinación energética actual, no se identificaron culpables ni se registraron dimisiones. La energía regresó a los pocos días, pero la falta de explicaciones claras y la ausencia de responsabilidades dejaron una sensación de desamparo.
Posteriormente, los servicios de tren comenzaron a experimentar graves interrupciones. El sistema de Alta Velocidad Española (AVE), conocido por su puntualidad, comenzó a sufrir retrasos de horas y detenciones prolongadas en zonas deshabitadas, a menudo sin aire acondicionado ni posibilidad de que los pasajeros salieran. A pesar de esta situación caótica, el ministro de Transporte, enfrascado en confrontaciones políticas, no ofreció explicaciones ni asumió responsabilidades, manteniendo su cargo al igual que otros funcionarios.
La concentración de poder también es motivo de preocupación. Se observa cómo figuras como el Ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes asumen una influencia desmesurada sobre diversos ámbitos gubernamentales. Al mismo tiempo, declaraciones de líderes regionales, como el presidente de la Generalitat de Cataluña, que afirma que “en una democracia, la última palabra la tienen los ciudadanos y no los jueces”, evocan recuerdos de eventos históricos disruptivos, como la Revolución Francesa de 1789. Esta convergencia de fallos sistémicos y el ascenso de figuras con amplias atribuciones plantea una pregunta inquietante: ¿se está gestando una forma de 'golpe de Estado' técnico, tal como lo describía Trotski, donde el control se ejerce a través de la disfunción y la concentración de poder, más que por una insurrección popular abierta?
En definitiva, la serie de disrupciones recientes, desde los fallos en el suministro eléctrico hasta el deterioro del transporte ferroviario, junto con la perceptible ausencia de rendición de cuentas en el ámbito político, suscita interrogantes profundos sobre la estabilidad y la dirección del país. La confluencia de un control gubernamental centralizado y las ambiguas declaraciones de las autoridades generan una atmósfera de incertidumbre. Así, la situación actual invita a reflexionar si estos eventos son meras coincidencias o si, de alguna manera, se alinean con la noción de un cambio estratégico en el poder.
