La defensa de las normativas de libre intercambio comercial enfrenta desafíos considerables, y resulta sorprendente que el reciente embate al marco multilateral provenga de la propia Unión Europea. El acuerdo preliminar entre Estados Unidos y la UE ha sido objeto de intensos debates, señalando su desequilibrio y las concesiones sustanciales por parte del bloque europeo, con la incierta esperanza de detener una confrontación comercial. Lo más alarmante de esta situación no es tanto el posible impacto económico para la UE, sino la erosión de los principios fundamentales que rigen las relaciones comerciales internacionales.
A pesar de que los aranceles generales del 15% (y superiores para acero y aluminio) podrían, paradójicamente, aumentar la competitividad relativa de la UE frente a países como China, y la inversión europea en Estados Unidos ya es considerable, la verdadera preocupación radica en la legitimación de la idea de que las reglas multilaterales pueden ser ignoradas bajo coacción. La autora destaca que la UE, un mercado interno masivo y un beneficiario clave del libre comercio, ha abandonado sus propios mecanismos de respuesta defensiva frente a los aranceles impuestos por la administración estadounidense, abrazando una retórica proteccionista. Esta postura ha llevado a la aceptación de aranceles recíprocos, lo que contradice la Cláusula de Nación Más Favorecida de la OMC y plantea serias interrogantes sobre quién defenderá el multilateralismo si la UE no lo hace.
Además, se subraya la aparente ingenuidad de la UE al creer que ha evitado una guerra comercial duradera. Surge la incertidumbre sobre futuras demandas de concesiones y cómo se responderá a nuevas amenazas. Aunque algunos sugieren activar el Instrumento Anti-Coerción, que permite a la UE responder con medidas no convencionales (como restringir el acceso al mercado digital o a la contratación pública), la aplicación de dicho instrumento después de una renuncia a defenderse con medios tradicionales podría percibirse como una escalada errática. El riesgo es que la UE adopte las mismas tácticas unilateralistas que critica en otros actores, abandonando las normas del juego global.
En síntesis, la decisión de la Unión Europea de ceder a las presiones comerciales externas, renunciando a sus mecanismos de defensa preestablecidos, ha asestado un golpe considerable a los principios del multilateralismo. Esta postura ha validado la noción de que las regulaciones internacionales pueden ser marginadas cuando se enfrentan a la presión, creando un precedente complejo y peligroso para el futuro del comercio global.
