En un cambio estratégico notable, las principales empresas tecnológicas de Estados Unidos han adoptado un enfoque más colaborativo con la Comisión Europea. Tras años de disputas fiscales, ahora buscan asegurar condiciones favorables para sus centros de datos, considerados pilares de la economía digital. La demanda principal gira en torno a un acceso prioritario a las redes eléctricas y una reducción significativa en los costes energéticos. Argumentan que estos centros, si bien son grandes consumidores de recursos, son fundamentales para el desarrollo económico y la digitalización, y abogan por un entorno regulatorio europeo unificado que fomente la inversión y la eficiencia.
La proliferación de centros de datos es innegable, pero su enorme consumo de electricidad y agua ha generado preocupación en algunos gobiernos, como el español. Existe el deseo de evitar una expansión descontrolada que pueda impactar negativamente en el territorio y la estabilidad de las redes eléctricas nacionales. Esta preocupación ha llevado a un escrutinio más minucioso sobre cómo y dónde se establecen estos gigantes tecnológicos.
Como respuesta a esta situación, las \"big tech\", tanto individualmente como a través de sus agrupaciones sectoriales, han inundado la Comisión Europea con solicitudes. Proponen que Bruselas establezca un marco uniforme para el acceso a la infraestructura eléctrica en todos los Veintisiete. Además, buscan que sus centros de datos sean clasificados como industria tradicional, lo que les permitiría beneficiarse de las mismas ayudas públicas. También exigen que los gobiernos sean transparentes y rindan cuentas sobre sus inversiones en la modernización de las redes eléctricas.
Documentos internos, consultados por un medio de comunicación, revelan estas propuestas, presentadas en el marco de una consulta pública sobre el \"Paquete Europeo de Redes\". Este conjunto de medidas legislativas busca acelerar la modernización de la infraestructura eléctrica de la UE y agilizar los procesos de conexión que, actualmente, pueden demorarse hasta una década.
Una de las quejas más persistentes es la burocracia excesiva. Microsoft, por ejemplo, ha señalado que los retrasos significativos en algunos países, en comparación con otros, pueden desviar inversiones hacia naciones con plazos más predecibles y cortos, como las del norte de Europa, en detrimento de las del sur, que a menudo están más sobrecargadas administrativamente. La compañía aspira a aumentar la capacidad de sus centros europeos en un 40% en solo dos años.
La asociación española de centros de datos, Spain DC, sugiere que la Comisión Europea debería supervisar periódicamente la integración de estos centros en los distintos países. Proponen que, en regiones con restricciones persistentes en la red que puedan comprometer los objetivos digitales de la UE, se justifique una intervención o apoyo específico a nivel comunitario.
Además, este grupo de presión, al que pertenecen Amazon y Microsoft, insiste en que los centros de datos en España sean considerados \"consumidores electrointensivos\". Esta categoría se aplica a industrias estratégicas con alta exposición a los precios de la electricidad, como el acero o la química, y les permitiría acceder a rebajas en las facturas de luz, exenciones fiscales y desgravaciones arancelarias. Argumentan que esto incentivaría la inversión tecnológica en la UE, donde los costes eléctricos son menos competitivos que en otras regiones.
Amazon Web Services (AWS) ha recordado sus importantes inversiones en España y Alemania, y ha propuesto la creación de una plataforma digital centralizada en Europa para la preselección automatizada de proyectos de conexión a la red, con requisitos estandarizados para toda la UE. Gigantes como Amazon, Google y Microsoft incluso sugieren el uso de inteligencia artificial para agilizar la concesión de permisos, con algunas empresas ofreciendo sus propias herramientas como solución.
AWS también ha expresado la necesidad de \"protegerse de la sobrecarga de la red\" ante un exceso de solicitudes, por ejemplo, de los sistemas de almacenamiento de baterías, que son un competidor creciente de los centros de datos en la demanda eléctrica.
En síntesis, el sector tecnológico está abogando por un sistema de reglas homogéneas en toda Europa para el acceso a las redes, con el fin de evitar la fragmentación regulatoria. Quieren pasar de un modelo de \"primero en llegar, primero en ser atendido\" a uno que priorice proyectos más avanzados, de mayor impacto económico y alineados con la transición energética. Subrayan que el alto consumo energético de sus centros puede, de hecho, contribuir a la electrificación de las economías europeas. Este llamado a la armonización y a un trato preferencial en el ámbito energético y regulatorio es fundamental para el futuro de la infraestructura digital europea y la competitividad de las grandes empresas tecnológicas.
